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Avicultura

Miedo causado por una mala relación humano-animal

D.Temple, E.Mainau, X.Manteca

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La calidad de la interacción entre los animales y las personas responsables de su cuidado tiene un efecto muy importante sobre el bienestar y la producción del ganado. En efecto, la actitud de las personas responsables del cuidado de los animales determina en buena medida que el ganado tenga más o menos miedo de las personas y a su vez el miedo afecta la producción de leche y tiene también efectos negativos muy pronunciados sobre el bienestar de los animales.

El miedo se define como una experiencia emocional desagradable causada por un estímulo que el animal percibe como una amenaza. En general, los estímulos que causan miedo son de dos tipos. En primer lugar, los estímulos sensoriales muy intensos –los ruidos, por ejemplo- desencadenan una respuesta de miedo sin necesidad de que se produzca ningún proceso de aprendizaje. En segundo lugar, y debido a un proceso de aprendizaje por condicionamiento, los animales asocian estímulos en principio neutros –tales como un ser humano- con experiencias negativas tales como golpes, gritos o empujones. Además, según algunos autores, los animales domésticos siguen percibiendo a los humanos como depredadores, de modo que en cierta medida estarían “predispuestos” a asociar la presencia humana con estímulos negativos. Asimismo, la respuesta de miedo de los animales también depende de aspectos genéticos ya que diferentes estudios han demostrado que el miedo tiene una heredabilidad media-alta.

Las vacas utilizan feromonas para comunicarse entre ellas. En una situación de miedo, una de las feromonas descritas en las vacas funcionaría como señal de alarma. Cuando las vacas se asustan liberan al medio externo una molécula o un conjunto de moléculas producidas en glándulas cutáneas situadas entre las pezuñas y que desencadenan a su vez una respuesta de miedo o estrés en otras vacas. Así pues, es posible que el efecto de una acción que cause miedo en una vaca se extienda a los otros animales del rebaño.

El miedo desencadena una serie de cambios de comportamiento –principalmente conducta de huída- y fisiológicos. De forma general, los cambios fisiológicos asociados al miedo son los mismos que constituyen la respuesta de estrés y tienen efectos negativos sobre la ingesta de alimento, la rumia, la producción de leche y la fertilidad. La respuesta de miedo inhibe la síntesis y liberación de oxitocina, que es responsable del reflejo de eyección de leche. Esto explica en buena medida la importancia de la interacción humano-animal en la sala de ordeño.

 

"La actitud de las personas responsables del cuidado de los animales es susceptible de cambio, así que la formación puede mejorar la relación humano-animal en las explotaciones de vacuno"

 

Los trabajos realizados hasta la fecha en vacas de leche indican que el parámetro que determina de forma más marcada el miedo que las vacas tienen de las personas es el porcentaje de interacciones negativas sobre el total de interacciones que tienen lugar entre el ganadero y los animales. Las interacciones negativas más frecuentes son los empujones y los golpes cuando los animales son llevados a la sala de ordeño. Por el contrario, las interacciones positivas incluyen caricias y el simple hecho de colocar la mano sobre el cuerpo de la vaca durante el ordeño. Es interesante recordar, además, que uno de los factores que contribuye de forma más pronunciada al desarrollo de cojeras en vacas de leche es la impaciencia y la brusquedad cuando las vacas son llevadas al ordeño.

En general, los animales que son manipulados regularmente de una forma positiva suelen tener menos miedo de las personas que aquéllos que tienen poco contacto con ellas. Esto se traduce no sólo en un comportamiento menos agitado cuando las vacas están cerca de las personas, sino también en una frecuencia cardíaca menor y en concentraciones plasmáticas de cortisol más bajas, lo que sería indicativo de una menor respuesta de estrés.

 La interacción más frecuente entre el ganadero y las vacas tiene lugar durante el ordeño y mientras las vacas son conducidas a la sala de ordeño o de vuelta al corral. Mover a los animales puede resultar estresante, especialmente si se realiza de una forma poco adecuada o si las instalaciones no son correctas. En la siguiente figura se muestra la mejor manera de mover las vacas.

 

Posiciones donde debería situarse una persona al mover las vacas (de Grandin, 1980)

zona de huída = espacio que al ser invadido por una persona, el animal muestra comportamiento de fuga

  • posición A fuera de la zona de huída
  • posición B dentro de la zona de huída
  • Cuando una persona pasa de la posición A a la B, ejerce una "presión" sobre el animal y provoca que el animal se mueva

punto de balance = el animal se moverá hacia adelante si la persona camina por detrás del punto, mientras que se moverá hacia atrás si la persona camina por delante del punto

punto ciego = área donde el animal no puede ver a la persona

La relación humano-animal se valora mediante la denominada “distancia de huída”. Las observaciones debe realizarlas una persona que no interaccione habitualmente con las vacas y se realizan cuando las vacas están comiendo. La persona que realiza las observaciones debe situarse a unos 2 metros de distancia del morro de la vaca a observar y avanzar lentamente hacia ella  con el brazo formando un ángulo de 45º con el suelo y la palma de la mano hacia abajo; no debe mirarse directamente a los ojos de la vaca. Debe registrarse la distancia entre la punta de los dedos de la mano y el morro de la vaca cuando ésta hace el primer movimiento de huída. Idealmente, el promedio de dicha distancia debería ser inferior a los 50 cm (en algunas explotaciones en las que la relación humano-animal es muy buena, la mayoría de las vacas dejan tocarse). Si el número de vacas por corral está entre 100 y 150, deben observarse unas 50-60 vacas por corral.

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